FACULTAD DE PSICOLOGÍA
EDUCACIÓN INICIAL
Nombre:
Johanna Criollo
Ciclo:
7mo Psicología Educativa
Profesor:
Mgt. Marco Muñoz
Cuenca, 2 de enero de 2020
Un
buen dilema, escolarizar o desescolarizar.
¿La escuela puede
llegar a parecerse a una prisión? Es un pregunta que muchos se la hacen, pero recordemos
lo que Foucault nos dice, quién se atreve a señalar que la escuela no es más
que una “cárcel moderna”.
Partiendo de la historia la escuela surgió como una necesidad de las élites
dominantes para reafirmar su poder en el proceso de consolidación del moderno Estado
Nación. (Anonimo, 2012) Lo cual no todas las
personas tienen acceso por diversos factores en especial por falta de recursos
económicos como bien nos indica Illich, Las burocracias del bienestar social
pretenden un monopolio profesional, político y financiero sobre la imaginación
social, fijando normas sobre qué es valedero y qué es factible. Este
monopolio está en las raíces de la modernización de la pobreza. Cada
necesidad simple para la cual se halla una respuesta institucional permite la
invención de una nueva clase de pobres y una nueva definición de la pobreza.
Tanto el pobre como el rico dependen de escuelas y hospitales que guían sus
vidas, forman su visión del mundo y definen para ellos qué es legítimo y
qué no lo es. Ambos consideran irresponsable el medicamentarse uno mismo, y
ven a la organización comunitaria, cuando no es pagada por quienes detentan la
autoridad, como una forma de agresión y subversión. (Illich, 1985)
El vivir en un mundo desescolarizado es vivir en un mundo
sin tantas reglas es decir que muchos viviríamos en nuestro libre albedrío
aprendiendo simultáneamente en nuestro día a día y según nuestra creencias
porque desde el punto de vista de Illich, la escuela se apropia del dinero, de
los hombres y de la buena voluntad disponible para educación y fuera de eso
desalienta a otras instituciones respecto a asumir tareas educativas. El trabajo,
el tiempo libre, la política, la vida ciudadana e incluso la vida familiar,
dependen de las escuelas, en lo concerniente a los hábitos y conocimientos que
presuponen, en vez de convertirse ellos mismos en los medios de educación.
Tanto las escuelas como las otras instituciones que dependen de aquéllas llegan
simultáneamente a tener un precio imposible. (Illich, 1985) . Sin embargo el
término desescolarización se utiliza para la situación de quien no se encuentra
inscrito en el sistema de educación formal pudiendo no haber estado nunca en el
o haber desertado posteriormente, como también, para abordar los procesos
vinculados al abandono del sistema escolar tradicional por parte de los niños,
niñas y jóvenes. (Rios, 2015)
Hoy en día las escuelas se han vuelto obligatorias siendo parte fundamental
en el desarrollo educacional de una persona volviéndose primordiales para que
una persona ejerza y tenga acceso a una futura profesión. “La paradoja de las
escuelas es evidente: el gasto creciente hace aumentar su destructividad en su propio
país y en el extranjero. Esta paradoja debe convertirse en tema de público
debate. Se reconoce de manera general hoy por hoy que el medio ambiente físico
quedará destruido dentro de poco por la contaminación bioquímica a menos que
invirtamos las tendencias actuales de producción de bienes físicos. Debería
reconocerse asimismo el que la vida social y personal están igualmente
amenazado por la contaminación del Ministerio de Salud, Educación y Bienestar, subproducto
inevitable del consumo obligatorio y competitivo del bienestar. La escalada de
las escuelas es tan destructiva como la de las armas, si bien de manera menos visible.” (Illich, 1985)
El aprender es con frecuencia el resultado de una
instrucción, pero el ser elegido para una función o categoría en el mercado del
trabajo depende cada vez más sólo del tiempo que se ha asistido a un centro de instrucción. (Illich, 1985)
En nuestro país esto se ve mucho mientras más títulos hayas obtenido
mejores plazas de trabajo tendrás pero sin embargo según analistas estos años
se mucho el desempleo sobre todo en jóvenes recién graduados, es donde
volviendo al tema es contradictorio que muchos estudien y no puedan ejercer sus
profesiones lo cual entra el tema del emprendimiento muchos de ellos crean sus
propios negocios para sustentarse, lo que me hace preguntar ¿de qué sirve ir a
la escuela, colegio y universidad?
Por otro lado la escuela vincula la instrucción -pero no el aprendizaje-
con estas funciones. Esto no es ni razonable ni liberador. No es razonable
porque no liga unas cualidades o competencias sobresalientes a las funciones
por desempeñar, sino el proceso mediante el cual se supone que habrán de
adquirirse dichas cualidades. No libera ni educa porque la escuela reserva la instrucción
para aquellos cuyos pasos en el aprendizaje se ajusten a unas medidas aprobadas
de control social. (Illich, 1985) Esto nos indica que
no siempre el profesional será bueno en lo que hace, muchos realizan funciones
empíricamente y lo hacen de forma excelente lo que volvemos a recalcar que no
siempre la escuela, ni mucha teoría no harán profesionales buenos en las
diferentes ramas.
Lo principal del aprendizaje sobreviene casualmente, e
incluso el aprendizaje más intencional no es el resultado de una instrucción
programada. Los niños normales aprenden su lenguaje de manera informal, aunque
con mayor rapidez si sus padres les prestan atención. La mayoría de las personas
que aprenden bien un segundo idioma lo hacen a consecuencia de circunstancias aleatorias
y no de una enseñanza ordenada. (Illich, 1985) Lo que nos dice que
la primera escuela y la más importante es la familia como un principal factor
para que el niño aprenda más allá que un idioma. Pero el hecho de que aún ahora
una gran parte del aprendizaje parece ocurrir al azar y como subproducto de
alguna otra actividad definida como trabajo u ocio no significa que el
aprendizaje planificado no beneficie la instrucción planificada. Al estudiante
poderosamente motivado que se enfrenta con la tarea de adquirir una habilidad
nueva y compleja puede aprovecharle mucho la disciplina que hoy en día se
asocia mentalmente con el maestro de viejo cuño que antaño enseñaba lectura,
hebreo, catecismo o multiplicación de memoria. La escuela ha hecho que ahora este
tipo de enseñanza rutinaria sea escaso y mal reputado, y no obstante hay muchas
destrezas que un estudiante motivado de aptitudes normales puede dominar en
unos pocos meses si se le enseña de este modo tradicional. Esto vale tanto para
los códigos como para su desciframiento; para los segundos o terceros idiomas
como para la lectura y la escritura; e igualmente para lenguajes especiales
como álgebra, la programación de computadoras, el análisis químico, o para destrezas
manuales como la mecanografía, la relojería, la fontanería, las instalaciones
domésticas de electricidad, la reparación de televisores; o, si es por eso, para
bailar, conducir vehículos y bucear. (Illich, 1985)
El aprender significa ir más allá de simplemente asistir
a la escuela porque se aprende más a lo largo de la vida dependiendo en el
ámbito y la relación que se encuentre con este. Pero no cabe duda que asistir a
la escuela es socializar aún más con otras personas en donde los profesores son
potenciadores de las destrezas y habilidades de los niños, pero, actualmente,
aquellos que usan una habilidad que está en demanda y que precisan un profesor humano
tienen estímulos negativos para compartir con otros estas habilidades. Esto lo
hacen ya sea maestros que monopolizan las licencias, ya sea sindicatos que
protegen sus intereses gremiales (Illich, 1985) . Por ello más que
profesores deben ser educadores con vocación a enseñar.
La mayoría de las destrezas pueden adquirirse y
perfeccionarse mediante rutinas; porque la destreza o habilidad implica el
dominio de una conducta definible y predecible. La instrucción de una destreza
puede apoyarse, por consiguiente, en la simulación de las circunstancias en que
se utilizará dicha destreza. En cambio, la educación en el empleo exploratorio
y creativo de destrezas no puede descansar en sistemas rutinarios. La educación
puede ser el resultado de la instrucción, aunque de una instrucción
fundamentalmente opuesta a la rutina. Se apoya en la relación entre asociados
que ya poseen algunas de las llaves que dan acceso a memorias almacenadas en la
comunidad y por la comunidad. Se apoya en la sorpresa de la pregunta inesperada
que abre nuevas puertas al cuestionario y a su asociado. El instructor de
destrezas se apoya en la configuración de circunstancias fijas que permiten al
aprendiz desarrollar unas reacciones o respuestas normales. El guía o maestro
en educación se ocupa de ayudar a unos asociados parejos a que se reúnan de
modo que se dé el aprendizaje. Él reúne a personas que parten de sus propias y
no resueltas interrogantes. A lo que más ayuda al alumno a formular su
perplejidad puesto que sólo un planteamiento claro le dará el poder de encontrar
su pareja, moverse con ella, explorar en ese momento la misma cuestión en el
mismo contexto. En un comienzo parecería más difícil imaginar unos asociados o
compañeros parejos para fines educativos que el hallar instructores de
destrezas y compañeros para un juego. Una de las razones de que esto ocurra es
el profundo temor que la escuela nos ha inculcado, un miedo que nos pone
criticones. El intercambio intitulado de destrezas -a menudo destrezas
inconvenientes- es más predecible y por tanto parece menos peligroso que las
oportunidades ilimitadas de reunión para personas que comparten una cuestión en
debate que es, en ese momento, social, intelectual y emocionalmente importante
para ellas. (Illich, 1985)
Ahora por señalar lo que entendemos por escuela, es una
institución educativa que tiene la co- responsabilidad ética, política y moral
de constituirse en escenario de formación y socialización en el que, como tal,
circulan múltiples sentidos, se producen variados aprendizajes, se abre la
opción a la negociación de la diferencia y se funda la convivencia como una expresión
de la autonomía, la libertad y la dignidad humana. (Echavarria,
2003)
Sin embargo para Illich la escuela es como el proceso que especifica edad y se
relaciona con maestros, y exige asistencia a tiempo completo a un currículum
obligatorio. En donde señala algunos puntos.
1. Edad.
La escuela agrupa a las personas según sus edades. Este agrupamiento se funda
en tres premisas indiscutidas. A los niños les corresponde estar en la escuela.
Los niños aprenden en la escuela. A los niños puede enseñárseles solamente en
la escuela. Creo que estas tres premisas no sometidas a examen merecen ser
seriamente puestas en duda. (Illich, 1985)
Resaltando que en nuestro medio ahora asisten desde sus 3
primeros años a las instituciones en donde están sometidos a ser escolarizados
a temprana edad y sobretodo se ven evaluados en diferentes destrezas sin tomar
en cuentas muchas veces que cada niño tiene si ritmo y tiempo de enseñanza.
2. Profesores y alumnos. Por definición, los niños son alumnos. La demanda por el
medio ambiente escolar crea un mercado ilimitado para los profesores titulados.
La escuela es una institución construida sobre el axioma de que el aprendizaje
es el resultado de la enseñanza. Y la sabiduría institucional continúa
aceptando este axioma, pese a las pruebas abrumadoras en sentido contrario. Todos
hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela. Los
alumnos hacen la mayor parte de su aprendizaje sin sus maestros, y, a menudo, a
pesar de éstos. Y lo que es más trágico, a la mayoría de los hombres son las
escuelas las que les enseñan su lección, aun cuando nunca vayan a la escuela. (Illich, 1985)
Lo cual, algo que no debería existir son las tareas ya
que en el sistema educativo todo se debería aprender asistiendo a clases y conjuntamente con su profesor.
3. Asistencia a jornada completa. Cada mes veo una nueva lista de propuestas que hace al AID3
alguna industria estadunidense, sugiriéndole reemplazar los "practicantes
del aula" latinoamericanos por unos disciplinados administradores de
sistemas o simplemente por la televisión. Pero, aunque el profesor sea una
maestra primaria o un equipo de tipos con delantales blancos, y ya sea que
logren enseñar la materia indicada en el catálogo o fracasen en el intento, el maestro
profesional crea un entorno sagrado. La incertidumbre acerca del futuro de la
enseñanza profesional pone al aula en peligro.
El maestro funda su autoridad sobre una pretensión
diferente en cada uno de estos tres papeles.
·
El
profesor-como-custodio actúa como maestro de ceremonias que guía a sus alumnos
a lo largo de un ritual dilatado y laberíntico. Es árbitro del cumplimiento de
las normas y administra las intrincadas rúbricas de iniciación a la vida.
·
El
profesor-como-moralista reemplaza a los padres, a Dios, al Estado. Adoctrina al
alumno acerca de lo bueno y lo malo, no sólo en la escuela, sino en la sociedad
en general.
·
El
profesor-como-terapeuta se siente autorizado a inmiscuirse en la vida privada
de su alumno a fin de ayudarle a desarrollarse como persona.
El definir a los niños como alumnos a jornada completa
permite al profesor ejercer sobre sus personas una especie de poder que está
mucho menos limitado por restricciones constitucionales o consuetudinarias que
el poder detentado por el guardián de otros enclaves sociales. La edad cronológica
de los niños les descalifica respecto de las salvaguardas que son de rutina para
adultos situados en un asilo moderno -un manicomio, un monasterio o una cárcel. (Illich, 1985)
El tiempo que permanecen lo niños bajos reglas y normas,
según muchos expertos no son saludables pero se ven obligados estar los padres
los envían con las mejores intenciones creyendo que eso ayudara a convertirse
en adultos productivos y felices. Por otra parte resaltando que hay evidencias
científicas que muestran que cuando los niños aprenden de una manera profunda y
completa en condiciones casi opuestas a las de la escuela.
El sistema escolar de hoy en día desempeña la triple
función que ha sido común a las iglesias poderosas a lo largo de la historia.
Es simultáneamente el depósito del mito de la sociedad, la institucionalización
de las contradicciones de este mito, y el lugar donde ocurre el ritual que reproduce
y encubre las disparidades entre el mito y la realidad. El sistema escolar, y
en particular la universidad, proporciona hoy grandes oportunidades para
criticar el mito y para rebelarse contra las perversiones institucionales. Pero
el ritual que exige tolerancia para con las contradicciones fundamentales entre
mito e institución para todavía por lo general sin ser puesto en tela de
juicio, pues ni la crítica ideológica ni la acción social pueden dar a luz una
nueva sociedad. Sólo el desencanto con el ritual social central, el desligarse
del mismo, y reformarlo pueden llevar a cabo un cambio radical. (Illich, 1985)
Ahora bien la universidad de igual forma cumple un papel
muy importante, el graduado en una universidad ha sido escolarizado para
cumplir un servicio selectivo entre los ricos del mundo. De este modo, la universidad tiene por efecto el imponer
normas de consumo en el trabajo o en el hogar, y lo hace en todo el mundo y
bajo todos los sistemas políticos. Cuanto menos graduados universitarios hay en
un país, tanto más sirven de modelo para el resto de la población sus ilustradas
exigencias. No cabe duda de que en este momento la universidad ofrece una
combinación singular de circunstancias que permite a algunos de sus miembros
criticar el conjunto de la sociedad. Proporciona tiempo, movilidad, acceso a
los iguales y a la información, así como cierta impunidad –privilegios- de que
no disponen igualmente otros sectores de la población. Pero la universidad permite
esta libertad sólo a quienes ya han sido profundamente iniciados en la sociedad
de consumo y en la necesidad de alguna especie de escolaridad pública
obligatoria. (Illich, 1985) Pero este “privilegio” no es para todos
debido a que la educación universitaria es en su mayoría es para la clase alta
muchas universidades tienen valores muy costosos lo que no permite a muchos
tener la oportunidad de ingresar, otros optan por ir a la universidades
públicas, que es otro dilema ya que para ingresar existen diversos exámenes lo
que también impide acceder a una educación superior. Lo que en este caso el
Gobierno debería invertir más en la educación y poner como primordial es sus
planes de trabajo.
La identidad del sistema escolar nos obliga a reconocer
la profunda identidad en todo el mundo, del mito, del modo de producción y del
método de control social, pese a la gran variedad de mitologías en las cuales
encuentra expresión el mito. En vista de esta identidad, es ilusorio pretender
que las escuelas son, en algún sentido profundo, unas variables dependientes.
Esto significa que el esperar un cambio social o económico concebido
convencionalmente, es también una ilusión. Más aún, esta ilusión concede a la
escuela -el órgano de reproducción de la sociedad de consumo- una inmunidad
casi indiscutida. (Illich, 1985) Es algo que pasa
mucho en países del Tercer Mundo y sobre todo en nuestro país que esperamos
mucho de los políticos y tenemos esperanza que en algún momento cambien la
estructura de manejo y se priorice la educación.
Características generales de unas nuevas instituciones educativas formales.
Un buen sistema educacional debería tener tres objetivos:
·
Proporcionar
a todos aquellos que lo quieren el acceso a recursos disponibles en cualquier
momento de sus vidas.
·
Dotar
a todos los que quieran compartir lo que saben del poder de encontrar a quienes
quieran aprender de ellos.
·
Dar
a todo aquel que quiera presentar al público un tema de debate la oportunidad
de dar a conocer su argumento.
Un sistema como éste exigiría que se aplicaran a la
educación unas garantías constitucionales. Los aprendices no podrían ser
sometidos a un currículum obligatorio, o a una discriminación fundada en la
posesión o carencia de un certificado o diploma. Ni se obligaría tampoco al público
a mantener, mediante una retribución regresiva, un gigantesco aparato profesional
de educadores y edificios que de hecho disminuye las posibilidades que el
público tiene de aprender los servicios que la profesión está dispuesta a ofrecer
al mercado. Debería usar la tecnología moderna para lograr que la libre
expresión, la libre reunión y la prensa libre fuesen universales y, por
consiguiente, plenamente educativas. (Illich, 1985)
Como bien señala Illich “Una sociedad dedicada a la
institucionalización de los valores identifica la producción de bienes y servicios
con la demanda de los mismos. La educación que le hace a uno necesitar el
producto está incluida en el precio del producto. La escuela es la agencia de
publicidad que le hace a uno creer que necesita la sociedad tal como está.”
Denotando que las escuelas como los conocemos hoy en día son un producto de la
historia, no de la investigación sobre cómo aprenden los niños.
Finalmente en la actualidad se están elaborando otros tipos de enseñanza
como es en la escuela Sudbury Valley, en Framingham, Mass. Se llama escuela,
pero no se parece en nada a lo que consideramos normalmente que es una
“escuela”. Los estudiantes, que tienen edades comprendidas entre 4 a 18 años, aproximadamente,
tienen libertad durante todo el día para hacer lo que quieren, siempre y cuando
no se rompen alguna de las reglas de la escuela. Las reglas, que se crean
democráticamente en la Junta Escolar por los estudiantes y el personal en
conjunto, no tienen nada que ver con el aprendizaje; tienen que ver con el
mantenimiento de la paz y el orden, y son impuestas por un sistema judicial
siguiendo el modelo que existe en nuestra sociedad. La escuela cuenta
actualmente con cerca de 150 estudiantes y con 10 profesionales, y funciona con
un presupuesto por estudiante que es menos de la mitad del de las escuelas
públicas de los alrededores. Acepta a todos los estudiantes que lo solicitan,
siempre que sus padres estén de acuerdo. (Gray, 2013) Algo innovador que
se convierte en un mejor entorno educativo, que optimizan las capacidades
naturales de los niños para que se eduquen. Añadiendo que, “no tenemos que
obligar a la gente a aprender; todo lo que necesitamos hacer es proporcionarles
la libertad y las oportunidades para hacerlo”. (Gray, 2013)
Bibliografía
Anonimo. (2012). Desescolarizate. Chile:
Oveja Negra.
Echavarria, C.
(2003). La escuela: un escenario de formación y socialización para la
costrucción de identidad moral. Obtenido de
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1692-715X2003000200006
Gray, P. (2013). ¿La
Escuela es una prisión que daña a los niños y a los jóvenes? Obtenido de
https://fracasoacademico.wordpress.com/centros/la-escuela-es-una-prision-que-dana-a-los-ninos-y-a-los-jovenes/
Illich, I.
(1985). La sociedad desescolarizada. Obtenido de
https://www.mundolibertario.org/archivos/documentos/IvnIllich_lasociedaddesescolarizada.pdf
Rios, M. (2015). Escolarizacion,
desescolarizacion, papel de la escuela. Obtenido de
https://es.slideshare.net/MarieLuluRios/escolarizacion-desescolarizacion-papel-de-la-escuela
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